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La música tradicional andaluza según la humillación de la Junta

Publicado por : El Morante a : jueves, 22 de octubre de 2015 1 comentarios
El Morante



Por Juan José García

Corría el año 2010 cuando el que fuera presidente de la Junta de Andalucía, José Antonío Griñán, anunciaba para deleite de los aficionados del arte flamenco, recién coronado entonces por la Unesco como patrimonio universal, que se pretendía incluir en la formación de las escuelas andaluzas. Recuerdo que recibí la noticia con una mezcla de alegría y algo de tristeza, ya que soy partidario de que se vele por lo que supone un sello irrefutable de nuestra idiosincrasia, pero por otro lado creo que la elección de la música a estudiar debería decidirse con la misma libertad con la que elegimos los sabores que alegran nuestro paladar. Es más, nosotros no decidimos lo que nos gusta, simplemente nos gusta, es algo que no se hace con la razón sino con el sentimiento, y resulta que los sentimientos no están fabricados de lógica.

Por eso pienso que si tenemos un Mozart o un Hendrix entre nuestros alumnos, el hecho de que le formemos en un estilo que no sea el suyo puede que sea perjudicial para exprimir todo el potencial artístico que podría dar. Aunque por otro lado, comprendo que al igual que no se puede dividir sin saber antes multiplicar, se que por ejemplo en mi caso nunca hubiera apreciado el flamenco de no ser por haberme obligado a escucharlo, de la misma manera que nunca hubiera descubierto la belleza de la ópera sin haber pasado antes por la música clásica, la cual a su vez la descubrí de casualidad gracias a bandas sonoras firmadas por John Williams o Ennio Morricone, en mis películas favoritas de la infancia.



Es cierto que se puede educar el oído, y que canciones que en una primera audición nos parecían aburridas, con el tiempo pueden llegar a convertirse en nuestras piezas favoritas. Cuando yo tenía 16 años y decidí aprender a tocar un instrumento de música, el flamenco era algo que me producía la más absoluta indiferencia, aunque en aquellos entonces, era el único estilo que me brindaba la oportunidad de aprender y posteriormente poder tocar en un conjunto. Tuve la suerte de estar rodeado de grandes aficionados locales en este arte, y gracias a tocar en conjuntos como el que fuera en su día “Cachibache”, logré entender algo que nunca hubiera descubierto de haber contando con la posibilidad de tocar directamente en formaciones de rock.



No voy a decir que el flamenco sea hoy mi música favorita ni mucho menos, pero gracias a esa experiencia, hoy escucho estilos como los llamados cantes de ida y vuelta, y puedo sentir y apreciar gran parte de la magia que los envuelve. Por eso justifico a la vez que se enseñe nuestra cultura en las escuelas de nuestra tierra, de la misma manera que aplaudo que en las emisoras de Andalucía tengan algo más de importancia la música que tiene parte del ADN de nuestras raíces, pero hasta cierto punto.

El problema es que, aunque yo solo soy un completo ignorante como músico y aun más como aficionado al flamenco, me sorprende ver como los que han elaborado los libros para enseñar a los alumnos andaluces, parecen tener aun menos idea que yo. El hecho de que cuando se hable de la música tradicional andaluza, se mencione a gente como Sabina por su voz ronca, a Merche por su estilo bailable, a Bisbal por sus aportaciones flamencas o Alejando Sanz, y se omitan a figuras indispensables como Camarón o Paco de Lucía, me parece una completa aberración, y una bofetada sin precedentes a una parte básica de nuestro patrimonio artístico. Libros elaborados por la editorial SM, siempre bajo la asesoría de la Junta.



Si bien hay gente que tacha injustamente a los andaluces de vagos o analfabetos, creo que los primeros que se empeñan en que tengamos fama de ello son gran parte de nuestros gobernantes, y este caso es solo un grano de arena en una montaña de disparates. La Junta no tiene suficiente con obviar los graves problemas de contaminación que sufrimos a cambio altas tasas de cáncer, de consentir como hay medios de comunicación que ubican El Rocio, la Gruta de las Maravillas o Matalascañas en Sevilla o ver como emiten publicidad en el momento exacto de las campanadas de fin de año, de que miles de millones de euros para parados y para nuestra formación, hayan ido a los bolsillos de los que menos les hacía falta. De que nuestra radio, entonces llamada Fórmula Uno, pasara de ser un espacio cosmopolita donde había lugar para los aficionados al jazz, el rock, la música electrónica… y de la que salieron grupos de primerísima referencia nacional como fueran entonces “Los Planetas” para el estilo “Indie”, o los onubenses que marcaron tendencia con el revolucionario rock electrónico en “Cultura Probase”; hoy sea solo una fábrica de sucedáneos de “flamenquito” en el llamado “Canal Fiesta”, que suponen incluso una humillación a los verdaderos aficionados al flamenco, y que para mi gusto están a años luz de aquellas fusiones que hacían conjuntos como Ketama o Pata Negra, en ese camino de experimentos flamencos iniciados en su día por Sabicas y Joe Beck, Los Smash, Lole y Manuel...



Aun así respeto esta música hoy tan de moda en nuestras principales emisoras, ya que quiero pensar que no soy ni mejor aficionado ni peor porque me guste más Pink Floyd que Camela, de la misma manera que creo que nadie tiene mejor criterio porque le gusten más la paella que los macarrones, es solo cuestión de paladares, pero el hecho de que se monopolice un estilo a costa de censurar el sentir de muchos andaluces que también hacen arte, sea de la clase que sea, me parece injusto y me da cierto olor a fascismo. No creo que sea peor andaluz porque escuche música británica, y si desde nuestras instituciones se va a seguir censurando todo aquello que no tenga nada que ver con nuestra cultura, estamos perpetuando el estereotipo andaluz que tanto criticamos cuando nos tachan de retrógrados.

Si no queremos que nos sigan conociendo por los chistes de Juan y Medio a nuestros mayores o por la limpiadora analfabeta que sale en alguna de las series que más daño nos han hecho, entonces creo que es hora de abrir la mirada, y dejar que cada uno elija el camino de sus gustos, porque si alguien tiene la capacidad de fabricar esa cosa que llamamos arte, es únicamente haciendo aquello que ama sin presiones ni censuras, y creo que el importante número de artistas y premios Nobel que hay en esta bendita tierra así lo avalan.



Por desgracia, algunos de nuestros gobernantes parecen ser los primeros interesados en que esto siga sin evolucionar en cierto sentido. Me gustaría saber cual es la opinión de Bisbal,  viendo que le han ligado a la palabra flamenco en estos libros de tercero de primaria, en lugar de los que han creado y llevado a lo más alto este arte. Alguien que, con todos mis respetos y sin quitar por ello su impecable labor en otros estilos, no le ha aportado lo más mínimo al desarrollo del arte flamenco, salvo el título de una canción que aunque no lo sea, se llama “Bulería”.

Si quizás existe algo inteligente en mi es únicamente el ser consciente de mi completa ignorancia, así que puede que me haya atrevido a dejarme llevar por el alter ego para criticar algo sin tener la menor idea, lo reconozco, pero aun así sigo creyendo que Andalucía es mucho más de lo que piensan los que pretenden encasillarnos, que a veces somos nosotros mismos, de la misma manera que no hablo de madrileños, vascos o catalanes como si fueran todos iguales.

Perdónenme porque no sepa bailar sevillanas y porque prefiera escuchar antes un blues que una solea, por no saber apreciar ni entender la tauromaquia, y por no haber ido jamás al Rocio pese a tenerlo al lado, pueden acribillarme si quieren y decir que no merezco vivir aquí, yo aun así seguiré orgulloso de sentirme andaluz.

1 comentarios: para La música tradicional andaluza según la humillación de la Junta

  1. Maravilloso artículo el que acabo de leer. Lo entendrá todo el que se pare a leerlo. Comparto casi todo lo que explicas.

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