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Luna de Cristal

Publicado por : El Morante a : viernes, 2 de mayo de 2014 0 comentarios
El Morante
Por María Dolores Almeyda.

María Dolores Almeida. Escritora nacida en Sotiel y afincada en Sevilla

¿Alguna vez se os ha quebrado la luna delantera del coche mientras ibais conduciendo? A mí sí me pasó.
            A partir del impacto se resquebraja el cristal y se configura una imagen alucinante, como si fuese el sistema nervioso del cuerpo humano multiplicado por un número infinito de veces. Más, mucho más. Pequeñas y diminutas cicatrices que parten desde un punto y van uniendo redes que se entrecruzan, diseminadas por todo el espectro de cristal. No queda ni un milímetro de materia sana. No se ve nada al exterior. No te atreves a moverte temiendo que se derrumbe todo el tinglado nervioso resquebrajado que caería indefectiblemente sobre el interior del coche, sobre ti, la tapicería, el suelo, e inunde el pequeño mundo que te rodea en aquél momento.

            Al fin, como no queda más remedio, abres la puerta con sumo cuidado y sales del coche confiando en que no se mueva un solo trocito del puzle fantástico, porque de ser así todo se iría al diablo. Lo consigues al fin. Sales del coche y no se ha derrumbado nada. Todo permanece roto, insalvable, pero intacto, unidos los diminutos cachitos, perfectamente compactados. Aquello podría ser hasta una obra de arte abstracto. No se te ocurra cerrar la puerta, porque en ese caso todo el esfuerzo anterior no serviría para nada.
            Cuando miraba desde el exterior del coche el efecto devastador causado por una piedra o un guijarro cualquiera humilde y desgraciado sobre la luna de cristal, me asombraba al observar las similitudes del estropicio formado, comparándolo con el estado actual de España. Es tal el desperfecto ocasionado por las hordas neo liberales que nos gobiernan que es lo único que se me vino a la cabeza en aquellos momentos como término comparativo y de reflexión. España entera fragmentada como aquella luna delantera de mi  coche.
            Resquebrajada y rota, no en su territorio, ni en sus provincias o autonomías. Fragmentada, en relación al estado de derechos que se están destruyendo y echando por tierra, al destrozo institucional que se está incorporando a la vida diaria sin que haya indicios o intenciones de reparación alguna, rectificación o duda en la ejecución fría y determinante de los grandes desastres. Hecha añicos, cisco, polvo, trocitos tan pequeños que costará trabajo volver a unir. Que en algunos casos será imposible volver a reconstruir. Que en todo caso yo no veré reconstruidos de nuevo, dadas, por una parte mi edad, y por otra la magnitud de lo quebrado.
            Le di una patada a una de las ruedas, la que quedaba más cerca de mi pie, que quedó dolorido. Y aquél mapa acristalado, como un panal dividido en diminutas astillas se desbarató en un instante. Los asientos delanteros del coche, el capó, el arcén derecho de la carretera donde me detuve, todo, todo, ¡todo! quedó lleno de pequeñas partículas de cristales, casi cenizas de cristal esparcidas por los alrededores. Cicatrices rotas. Lunas rotas.
            A veces, aunque sea por casualidad hay que romper definitivamente el cristal para, al menos, intentar volver a colocarlo todo de nuevo más o menos en su sitio y como estaba antes, a ser posible mejorando el resultado. Y de camino darte de bruces con la feroz realidad de las mayorías absolutas.
 

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