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No es otra cosa la vida

Publicado por : elmorante.es a : viernes, 2 de mayo de 2014 0 comentarios
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Por María Dolores Almeyda.

María Dolores Almeyda escritora natural de Sotiel Coronada.
A esta hora y en el día de hoy, seguro que están pasando muchas cosas. En alguna parte del mundo debe estar sucediendo algo. Siempre suceden cosas. Pero aquí donde estoy, de repente parece que el mundo ha detenido su actividad y solo se ha notado cuando el silencio se ha visto interrumpido por algún frenazo brusco, o han cambiado los ruidos a los que ya tenía acostumbrados los oídos por otros que hace tiempo no escuchaba.
                Pasa todos los días a la misma hora, pero hoy lo he percibido especialmente como si el detalle hubiese hecho una raya en el aire y cortado el mediodía por la mitad. Medio y día. Y en ese momento, mi día se ha quedado detenido en un instante que me ha sacudido como una alfombra blanda y deshilachada. Pasa cada día, pero hoy lo percibo de una forma distinta, como nueva.
                Una mancha  móvil y multicolor se acerca ruidosa por un lado de la calle y descubro en ella a los chiquillos que están saliendo de un colegio cercano. Por otro lado un grupo de albañiles detiene su faena y se sientan a la sombra, bajo los soportales de la calle, mientras van sacando bocadillos y botellas de agua y de cerveza de sus neveras de plástico portátiles azules y blancas. Por el olor que me llega es fácil adivinar que a alguien se le ha quemado el aceite en el que pensaba freír algún pescado o patatas para el almuerzo. Imposible saber de quién se trata, de qué vecina viene el olor. La abuela Pepa pasea un perrito con muchos pelos blancos ensortijados y rebeldes, mientras le habla, insistiéndole en que haga sus necesidades, porque después ya no habrá remedio y ella ya no piensa bajar de nuevo y hay de él si decide mearse en la maceta del salón o en el paragüero de la entrada. La abuela Pepa, que sepamos, no es abuela de nadie, -aunque es la abuela adoptada de toda la manzana-, cuando no lleva a su perrito blanco por la calle, igual va hablando sola con su sombra o sus difuntos, que para el caso a ella le da lo mismo. Una mujer con delantal y zapatillas de andar por casa se apresura hasta la tienda de la esquina. Seguramente se le olvidó comprar el pan. Sin duda se imagina o sabe a qué puede enfrentarse si no hay pan calentito en la mesa cuando llegue el marido fatigado de la obra, hambriento e irritable, necesitado de  descargar su ira inaguantable sobre el más mínimo fallo aunque tenga que inventárselo. Pues igual se lo inventa, y si no es por la falta de pan caliente para comer, puede ser que el aceite se haya requemado y todo en la casa huela a ajo frito.
                Sucede cada día a la misma hora, pero solo hoy lo he percibido de una forma tan viva y tan latente. La vida es magistral cuando quiere enseñarte algo por lo que pass cada día sin verlo, sin advertirlo apenas.
 
                No hay metáfora a este lado de la vida, ni posibles dobles lecturas en estas líneas, ni anécdotas ni argumentos.  No sé por qué hoy, precisamente, he venido a fijarme en que la vida se ha detenido en el momento justo en que yo estaba contemplándola, para hacerme saber que sigue fiel a sus parámetros, y que eso que decimos que es la vulgaridad, la monotonía, la rutina, no es otra cosa más que la vida.

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