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Calañeses por el mundo: Cerdeña

Publicado por : El Morante a : miércoles, 18 de junio de 2014 0 comentarios
El Morante
Por Marta Sanchez

Inauguramos una nueva sección en elmorante.es, basados en  las experiencias de los Calañeses que han abandonado España durante un periodo de su vida.

Nuestra vecina Marta Sanchez, es una joven estudiante que está a punto de finalizar un año de erasmus en Italia, concrétamente en Cagliari, la capital de Cerdeña.


Os dejamos con sus palabras, y aprovechamos la ocasión para animar a todos los Calañeses que están fuera de nuestras fronteras, a que nos envíen sus comentarios para esta nueva sección.
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Calañeses por el mundo "Cerdeña" por Marta Sanchez: 

19 de Septiembre de 2013, ese fue el día en el que a cada miembro de mi familia le caían las lágrimas porque emprendía mi aventura, y mi aventura era lejos de ellos, lejos de todos los que conocía, lejos de mi tierra. Cuando el coche arrancó, mi corazón se encogía, pero no era para siempre, sólo serían unos meses, pensaba. Pasé por el campo, cementerio y me despedí también de la chiquetita.

Horas después estaría cogiendo un avión dirección Cerdeña, hacia su capital, Cagliari, donde dos chicos con un cartel venían a buscarme. Nervios, ilusión, miedo, agobio, un sinfín de sentimientos contradictorios invadían mi mundo. Aprendí en menos de un segundo que la cultura ya era diferente, al conocer a una persona ya seas hombre o mujer siempre se le da la mano, a mi se me iban los dos besos a donde quería que iba, y después cuando ya le conocías los besos se dan al contrario; primero derecha y después izquierda, qué lío era lo que pensé al principio, unos meses después ya no sabía darlos de otra forma.


Cuando nos montamos en el coche para ir a casa comprendí que el tema de la conducción en Italia lo deberían revisar un poco, andan como locos, sólo os digo que el coche en el que íbamos no tenía velocímetro. Juraría que íbamos a más de 120km/h por esa vía. Llegamos a la que sería mi casa, y allí conocí a mis compañeras de piso, tres italianas y otra andaluza.

Poco a poco nos fuimos conociendo con nuestras conversaciones entre pan tostado donde descubríamos que realmente el español y el sardo tienen muchas palabras en común, y donde nos explicaban porqué en Alguero (otra provincia de Cerdeña) se hablaba el catalán. Discutíamos sobre los horarios de comida, pues en esta zona se suele hacer un poco antes y por lo general no hacen siesta, aunque eso a estas alturas mis compañeras de piso lo saben hacer muy bien. Mil anécdotas inundaban las primeras semanas mi cuaderno de notas pero sin lugar a dudas una de las que me hace reír ahora es la del autobús.

Los españoles no acostumbramos a parar a los autobuses como los taxis pues ellos tienen la costumbre de detenerse en cada una de las paradas, aquí no, tienes que alzar la mano para pararle o puede ser que pase de largo en la parada y te toque esperar otros diez minutos como lo que me pasó a mi. Una vez que pasaron las primeras semanas que fueron sinceramente las más duras, empiezas a disfrutar y cuando disfrutas empiezas a saborear la tierra en la que te encuentras, su pasta, tan buena y tan barata que la llegarías a comer todos los días, su infinidad de tipos de pizzas, aunque si eres de los que te gusta la hawaiana aquí no la encontrarías, su cerveza : ichnusa, que resulta ser la primera cerveza que me gusta, sus mil y un tipos de queso como el pecorino sardo, el pecorino romano, el casu mursu... a éste último también se le conoce como el "queso podrido" porque literalmente está podrido, infestado por larvas vivas de moscas, y puedo decir que después de todo está incluso bueno.


 Ni que decir tiene la belleza que podemos encontrar en cada una de sus playas, maravillada por cada reflejo que el mar deja en tu recuerdo, por el viento, por su arena; distintas, demasiado distintas a las que estaba acostumbrada a ir, demasiado llenas de luz, de color, de vida. Era el paraíso. Os diría tantas, Poetto, Villasimius, Bombarde, Mugoni, Badesi, Costa Paradiso, Is arutas y larguísimo etcétera. Pero ya puedes estar en un paraíso lleno de la alegría más grande que siempre, siempre tu mente se vuelve a tus raíces y éstas cuando echas de menos están demasiado lejos. Porque echar de menos a cada segundo no es fácil, porque el olor de Calañas no se encuentra en ninguna calle de Cagliari, porque cuando paseas nadie te saluda como en el pueblo, porque si te apetece relajarte no puedes subir al peñasco a comer pipas, o porque cuando llega abril no puedes saborear tu romería.


Y aunque tengas unos amigos y una familia que te manden videos y fotos, que hagan skype para poder vernos, no es lo mismo. Internet no tiene el tacto de la piel de los míos, o el sabor de los platos de la abuela, o el ambiente de un buen rato con los amigos. Por eso hacer presente Calañas en cada sitio que voy hace las cosas más fáciles, lo mejor es escuchar a cualquier italiano cantar sevillanas de la virgen o decir "iu" cuando te ven, te hace sentir más cerca de lo que realmente estás de los tuyos.

 Pese a todo, estar fuera un tiempo te hace entender muchas de las cosas que de cerca no aprecias y eso siempre ayuda, si además es en Cerdeña.. es como estar en el paraíso.


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