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El reclamo del otoño

Publicado por : El Morante a : domingo, 26 de octubre de 2014 0 comentarios
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Por José María Ortega

El Otoño, esa estación del año que junto a la Primavera está en peligro de extinción. Con el bien llamado cambio climático, vemos con el paso de los años, como nuestro clima cada vez comienza a parecerse más al del trópico, donde hay dos estaciones, la de lluvias y la seca, eso ahora nos suena más. Siete meses de sequía y calor y, cinco de menos calor y con suerte, lluvias.

Pero hablemos de nuestro Otoño, que el octubre lluvioso a despertado de forma mágica y sin paliativos, un despertar que recuerda a los Otoños de verdad, aunque ahora nos toca el veranillo del membrillo que esperemos no se alargue mucho. El Otoño es sinónimo de fresco y lluvias, pero también de pajarillos y escopeta, de arados y hierbas, de bellotas y setas, de días más cortos, de nagüillas y castañas asás.

Pero hoy quiero centrarme en eso que marcó mi niñez, y por lo que yo y tantos otros niños como yo, estábamos deseando que llegara el Otoño, la caza con arbolete. Los pajarillos o la caza llamada silvestrísimo, que en mi infancia, hace más de treinta años, a todos los niños nos dio a conocer las maravillas de amanecer en el campo y el encanto inmensos de esos pequeños pájaros, y que para muchos fue la antesala de un amor puro hacia la naturaleza, ahora esas artes pende de un hilo por ese empeño de la administración y algunos que dicen llamarse ecologista, en querer pintar al cazador como un asesino sin escrúpulos o un exterminador de especies, claro que hay algunos que no se pueden llamar cazadores, que se comportan de forma irracional, claro, pero tampoco podemos meter en el mismo saco a la inmensa mayoría de silvestritas, que se deleitan en las mañanas de cacería, con el canto de sus pájaros y la nobleza de las aves salvajes entrando al engaño.

Después se sueltan prácticamente todas las capturas, porque así lo dice la ley y porque el cazador de verdad sabe que si quiere disfrutar de su pasión, necesita que los campos estén llenos de verdones y jilgueros. Los hay que los capturan para negociar con ellos tanto vivos como muertos, sobre esos que caiga el peso de la ley, pero sobre eso pocos, porque no todos los cazadores son así, igual que no todos los manifestantes del 15M son encapuchados que se dedican a romper escaparates, robar, prender fuego a los contenedores, tirar piedras, etc.



Midamos a todo el mundo con el mismo rasero y recordemos que el cazador es, sobre todo, un enamorado de la naturaleza. Sí, en este humilde artículo quiero romper una lanza a favor del cazador de fringílidos que ama a esos pájaros. Quiero recordar que cuando todos cazábamos sin restricciones legales, seis especies de pájaros (ahora sólo se cazan tres) haciendo, y lo reconozco, verdaderas atrocidades escusados en la niñez, a pesar de ello cada año que pasaba, había más jamaces y camachos, más jilgueros y verdones, más chamarices y lúganos, y aunque me parece maravilloso que se haya regulado su caza y hasta prohibido en algunos casos, no entiendo por qué se insiste en seguir machacando al cazador, cuando por ejemplo se podía prohibir la fumigación de la arboleda en tiempos de anidamiento, o la tala de árboles en primavera, o los arados de corta fuegos y chaparrales ya metido el verano, acciones que si merman de forma muy significativa la reproducción de estas delicadas aves y la llevan al ocaso de su existencia, y claro como no, atacar el principal problema, decirle a los dueños del mundo que prohíban las emisiones de CO2 a la atmósfera para que volvamos a tener Otoños y Primaveras y los pájaros vuelva a emigrar y a comportarse como siempre lo hicieron.

Echar la culpa a los cazadores de que las especies que cazan estén en peligro de extinción, es otra manera de desviar la atención hacia unos pocos ciudadanos de a pie, para que los que se enriquecen destruyendo fauna y flora sin escrúpulos, escurran el bulto, con ayuda de unos pocos, que en ocasiones, se autoproclaman ecologistas.

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