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Nelson me dijo

Publicado por : El Morante a : martes, 16 de agosto de 2016 0 comentarios
El Morante
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Por Ramón Llanes Dominguez

Él ya era un hombre, yo aún era niño. A él le diagnosticaron no sé qué enfermedad de terror y a mí me llevaron al colegio. Él caminaba con energía, no se cansaba, tenía metas, creía en las gentes, amaba; yo seguía siendo un niño con muchas modestias. Nelson y yo vivíamos en meridianos opuestos y la distancia nos impidió conocernos. El tiempo no puso de su parte y las circunstancias tampoco porque a él le encerraron por protestar y a mí me internaron a modo de educación. Y durante esa etapa, lejana para ambos, casi nos olvidamos. Él hacía proyectos de libertad y yo escribía versos con Neruda en la mesilla. Y luego supe que para Nelson Neruda era un proyecto, y para mí la libertad era otro proyecto, y sin pensarlo habíamos coincidido en una idea; mis fuerzas eran de adolescente y las suyas eran de rabia y también en esto coincidíamos.

Nelson no murió entonces por pura suerte, se hizo canoso de tanto desear y de tanto comprobar que los suyos seguían frágiles en la deriva de la injusticia y la desigualdad; aguantó la humillación como un héroe (aquí ya comenzamos a diferenciarnos) y permaneció altivo y fiel a sus principios de ética y verdad en un calabozo de indigencia fraguando sus códigos de lucha y siendo garante de su pueblo, incluso allí oscurecido en la trena de los miedos pero sin apenas rozarle un atisbo de decaimiento.



Ahora Nelson está dormido y yo me he mojado las manos con los colores de la libertad que un día consiguiera para su gremio de olvidados. Le lloran los humildes porque les duele perderlo en una plena juventud de noventa y cinco años pero le adoran por valiente. Nelson está dormido en su camastro de gloria y se le mira como se mira a un dios bajado de una estrella o como se contempla a una luz, como cegándose, como alerta siempre para la defensa de la conciencia. Nelson me dijo, -cuando cerraba los ojos-, que tuviera metas, que caminara con energía, que amara y que creyera en las gentes. Y Nelson se me pareció a mi padre.

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