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Publicado por : El Morante a : jueves, 27 de febrero de 2014 0 comentarios
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Por: Manuel Contreras Acuña, elmorante, contranatura.


Término de génesis latina, proveniente de la idea de ciudad estado o polis, politicus. La idea clásica de política hace referencia al ordenamiento de la ciudad y de los asuntos de los ciudadanos, por parte de hombres libres, que persiguen solucionar los problemas  a través de una búsqueda transcendental, que lleva, al bien común. Esta corriente de pensamiento, la considerada como, política, no es más que una rama moral del pensamiento Griego y Romano. Un ente filosófico con alma bohemia y voluntad de hierro. Una herramienta para alcanzar la verdad y la excelencia. Era tan poco apropiado alejarse de la Política, que el ciudadano que lo hacía era tachado de idiota (idios, referente a uno mismo), es decir, todo aquel que por egoísmo no se preocupaba de los asuntos ciudadanos.

Si, hoy, hiciésemos una encuesta sobre la política y el interés que suscita, muy posiblemente tendríamos una versión distorsionada de la raíz propia del término. Muy pocos afirmarían con entusiasmo ser Políticos, aún menos hablarían de la Política como una corriente altruista y de búsqueda de la verdad y el bien común.
La historia de la política ha sufrido derivas importantes, desde los amagos de una democracia en Grecia, a la tiranía de emperadores, reyes, dictadores y burgueses, a los que podríamos añadir  “El Mercado”. Hoy nos sitiamos en una situación de tremenda desazón, sin un rumbo qué seguir, no hay horizonte moral en la política. Sin embargo, esa debe ser su fuerza impulsora. En los países donde los ciudadanos pueden hablar con libertad, las campañas mediáticas y el desapego generalizado son el motor de la quietud, que los ciudadanos tienen hacía los problemas sociales, que los han vuelto “idiotas”. Los políticos, o más bien los que se hacen llamar así, se han convertido en vasallos de un modelo liberal sostenido por el único valor referencial del sistema, el dinero. Sólo una retahíla, poco creíble, sobre el bienestar social, nos evoca momentos pasados. Retahíla vacía conceptual y empíricamente hablando. Un discurso que se renueva cuatrianualmente con descortesía hacia la inteligencia de los votantes. En otros lugares de este planeta, ni siquiera existe la opción de no creer y votar por el menos malo.

Se han hecho esfuerzos en busca de una mejor sociedad, fundamentalmente después de la desolación de la Segunda Guerra Mundial, y fundamentalmente mediante la Carta de los Derechos Humanos. Pero tanto ésta, como los derechos del proletariado, de la mujer, la no discriminación por motivos de género, credo o pensamiento, son un mero espejismo en una jungla que entiende por leyes y axiomas las del dinero y el libre mercado. Que obra sin impunidad por más que se generen bolsas de miseria, se contamine el medio ambiente y por más que no tenga rumbo común.
Es un planeta donde el dinero circula sin fronteras, pero hay fronteras para las personas, es un ente social y político, que versa entorno al estatus y la apariencia. Un lugar de las
ideas versionado para una élite atrofiada y cruel, desconectada y ambiciosa, para una mayoría quieta, dormida, que piensa cada vez menos, o lo hace en el último modelo de móvil, en deporte y prensa rosa.

No creo en las siglas, no creo en las palabras, ni tan siquiera en las personas, creo en los hechos políticos y en la acción social ante las injusticias. 

Sé político, no seas idiota.

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