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Mis Relatos...El Paraiso

Publicado por : elmorante.es a : miércoles, 13 de agosto de 2014 0 comentarios
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Por Manuel Contreras




                                                                         El Paraíso

                                   

Me quedé mirándolos detrás de la hojarasca y los matorrales. Esos pobres hombres nunca sabrán que los ha observado un ser civilizado.


Comían todos de un mismo bol, grande y deforme, del fruto de un árbol frondoso y gigante que guarece al poblado. Nadie ahuyentaba la mano del otro, ni se movía con mayor presteza al bol. Todos hablaban a la vez, discutían y reían en un vaivén incesante de conversaciones y gestos.



La cotorra verde y blanca revoloteaba entre los palos de las barandas de la casa. Sin miedo a nada. Sin embargo, al pequeño mono, que se atrevió a bajar de un árbol a coger frutos de un pequeño saco de fibras, elaborado con las hojas de un juncal cercano, lo asustaron con gritos. Después rieron y cerraron mejor el saco.


Más tarde lavaron el cuenco en el río, y esparcieron los restos de comida en una pequeña parcela rodeada de redes ancladas con cañas que sobresalían del agua más de un metro, donde engordaban algunas carpas.


De vuelta, desenrollaron las hamacas, y las colgaron según les pareció a cada uno entre los pequeños árboles y las casas. Unos cayeron pronto en un profundo sueño, otros miraban pensativos a los árboles.



Uno de los niños se dedicó a perseguir a un colibrí que comía el polen de las plantas, sobre todo de las de colores rojizos. 



Al cabo del tiempo, uno de los hombres, cogió una larga cuerda de fibras, y comenzó a trepar por el gran árbol, a la espalda llevaba una cesta cónica, con una tapa que movía con un pequeño cordel cada vez que metía algún fruto. Otros tres hombres se perdieron entre la espesura. 



Al anochecer, encendieron una hoguera. Y comenzaron a comer una pasta seca hecha con los frutos duros del gran árbol. Al regresar los tres dejaron en el suelo los pajarillos que traían. Los desplumaron con habilidad y los asaron para acompañar a las pasta seca.


Me enternece ver a estos pobres salvajes, que nada saben del mundo real.

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