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El negocio del cancer

Publicado por : El Morante a : viernes, 25 de septiembre de 2015 0 comentarios
El Morante
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Por Juan José García

Puede que este artículo no sea agradable, sobre todo para gran parte de nuestros gobernantes, que en ocasiones parecen más interesados en perseguir a los nos alertan de un grave problema que a los que lo causan. Mostrar los dientes a aquellos que tienen la fuerza para cortar nuestra lengua no resulta muy inteligente, así que aprovechando mi escasez neuronal ratificaré algo que por desgracia no es nuevo para todos los que habitamos en esta provincia.

Las estadísticas hablan por sí mismas, y solo en el cáncer de pulmón, Huelva llega incluso a duplicar la media nacional según un reciente estudio publicado por la revista especializada BMC Cancer. Datos escalofriantes que no parecen significar mucho para las administraciones autonómicas ni estatales, ni siquiera para el Sistema Andaluz de Salud o para los hospitales locales, que en cierta parte siguen afirmando que “No hay evidencia de una relación entre el cáncer y la actividad industrial”.


Esta frase que entrecomillo fue un titular de portada del Huelva Información el pasado año, firmado por la doctora sevillana Eloísa Bayo Lozano, jefa de la unidad de gestión del paciente oncológico del hospital Juan Ramón Jiménez, que precisamente estuvo este año en Calañas recibiendo un premio de la reciente gala del Gurumelo. El hecho de que tengamos por ejemplo una Ría cuyo vertido de fosfoyesos supera 27 veces la radioactividad permitida para todo un año, parece carecer de trascendencia, y al negarse hipótesis se niega a la vez que se haga un estudio epidemiológico en la provincia, algo en lo que parece estar en perfecta sintonía con la postura de la Consejería de Salud, que es la encargada de financiar y promover tal investigación.
Elosia Bayo recogiendo la medalla provincial de Huelva
La doctora ha sido premiada además con la medalla provincial de Huelva y la de Andalucía,  y no discuto para nada que no haya sido digna de tales galardones, a pesar ser una de las figuras menos conocidas que han recibido este último premio que menciono. Lo que veo más discutible es que hubiera gozado de tal honor de haber firmado frases como “Huelva tiene el polo con más veneno de Europa”, dicha en este caso por otro portador de la medalla de nuestra provincia, el famoso periodista Jesús Quintero, quien fue objeto de duras críticas por parte de las mismas instituciones que le habían laureado con diversos honores años antes, y que además se lo recordaron, como si fuera un plebiscito moral que debiera rendir a cambio de reconocimiento.

Jesús Quintero

Palabras que causaron gran malestar, nunca dignas de una persona que debería preservar otros valores frente a su provincia, como le respondería entre otros el presidente de la Diputación de Huelva, Ignacio Caraballo. Y yo me pregunto ¿Qué tipo de valores son los que debería encarnar? ¿El de la sumisión, la cobardía o el engaño? Quizás es que tengo un concepto diferente del significado de patriota, ya que siempre lo he comparado con el de una amistad verdadera. Un buen amigo no es aquel que se dedica a elogiar constantemente tus virtudes, sino el que se atreve destapar y compartir el frasco de tus problemas.
Podemos refugiarnos tras la puerta falsa del método del avestruz y mirar hacia otro lado, pero lejos de apagar el fuego se avivará aún más, ya que donde no se reconoce un peligro no se echa en falta tampoco la necesidad de solución.
Balsas de fosfoyesos (Ría de Huelva)
Puede que muchos de los que nos representan y sus expertos prefieran que digamos que la Ría de Huelva es algo parecido a Disneylandia. No es mala idea, incluso se podrían hacer visitas turísticas, con medidores de radioactividad para buscar el punto que sobrepase más veces lo permitido. Además, no olvidemos que estamos hablando de una extensión que supera en área a la propia ciudad de Huelva, y por lo tanto puede ser incluso vista desde el espacio, lo cual podría servirnos de escudo frente a una posible invasión extraterrestre. No creo que decidan atacarnos aun viendo que ya nosotros lo estamos haciendo.

Lamento más que nadie usar la broma irónica, en un tema que me causa el mayor de los respetos, pero después de ver las respuestas que ofrecen los que pueden y deben mediar en este conflicto, es inevitable forzar una mueca de sonrisa, aunque paradójicamente sienta todo lo contrario. Pueden experimentar lo que digo en la siguiente entrevista, al que fuera durante 20 años nuestro alcalde onubense.





Creo que hasta un ingenuo como yo sabe que es lo que se esconde detrás de tanta falsa ignorancia y demagogia de mercadillo. La contaminación, por mucho nos que duela reconocerlo, sigue siendo sinónimo de riqueza en la sociedad en la que vivimos. Todo tiene un precio, y más aún en la era de esta estafa apodada crisis, donde cualquiera puede verse obligado a aceptar desde el trabajo más peligroso para su salud, hasta el más nocivo para sus principios.

La guerra contra los que envenenan nuestro ecosistema también es la guerra contra los que nos dan el elixir económico para subsistir. Y en ese sentido, el dinero hace tiempo que compró nuestra propia salud, ya que el cáncer es un negocio demasiado rentable como para dejárselo perder. De hecho, y ya ampliando el problema a nivel mundial, poco creo que puedan hacer nuestros políticos de turno frente al gigante de las corporaciones que amenazan, cada vez con mayor descaro, democracias y legislaciones vigentes en favor de las grandes empresas, como vimos en la propuesta del acuerdo de Mercado e Inversión Transatlántico. Algo que no se suele difundir mucho en los medios españoles, y que tuvimos la suerte de exponer en este periódico, gracias a un artículo de George Monbiot en el "The Guardian", traducido por el compañero Fernando Verde para nosotros, y que volvemos a adjuntar en el siguiente enlace para el que esté interesado:

Una prohibición global a las políticas de izquierda

Sin bien las multinacionales son a veces el ventrílocuo invisible que habla en nombre de la democracia, la industria de la sanidad juega un papel parecido con respecto a la cura del cáncer, entre otras enfermedades. El hecho de que se silencien remedios naturales, o se dejen de financiar estudios alternativos con resultados positivos, es algo que se repite desde que familias todopoderosas como “Los Roquefeller” crearan prácticamente la industria farmacéutica.

Los laboratorios de medicamentos suelen estar más enfocados en el alivio pasajero que en financiar la propia curación. Palabras dichas incluso por el premio nobel de química Thomas Steitz y compartidas por el nobel de fisiología y medicina Richard Roberts. No es de extrañar así, que en los últimos años se hayan multiplicado los pacientes que utilizan métodos alternativos, contrastando fuentes desde internet, y compartiendo experiencias e información con otros usuarios. De hecho incluso en Calañas, comienzan a darse cada vez más casos sobre personas que recurren a la ingesta de la plata coloidal, llegando incluso a fabricarla de manera casera, asegurando grandes resultados, aunque sin querer que se les dé aun mayor difusión.

Lleven o no razón, lo que sí parece cada vez más evidente es que somos adictos a una sociedad consumista, instruida para devorarse a sí misma, de la misma manera que la obsolescencia programada acorta a propósito la vida de los aparatos que compramos. Formamos junto con Cádiz y Sevilla el llamado triángulo de la muerte del cáncer, lo que hace que tengamos un 50% más de posibilidades de contraer este mal que en otro punto de España, sin embargo poco o nada se hace para rebajar esa cifra al no ser considerada alarmante.

"Salud o euros", como dijo Jordi Évole, más descafeinado de lo habitual para mi gusto, en el programa sobre la Ría de Huelva. Esa es la cuestión, dinero a cambio de entrar en la lotería de la muerte con más papeletas que en otro lugar, y viendo perder cada vez a más seres queridos.



¿Ese es el precio que queremos pagar?

Por desgracia, y armado de autocrítica diré que sí en primera persona, ya que si fuera el abogado de una gran multinacional y tuviera que defender con el mismo ímpetu lo que ahora crítico, mucho me temo que la tinta hubiera sido bien distinta, así que solo me queda al menos reconocer que soy cómplice del mal que anuncio, como el farsante que no profesa con lo que predica. Eso sí, en ese hipotético caso tendría mucho más dinero que ahora, aunque estoy seguro de que sería a la vez más pobre de lo que nunca he sido.



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